Relación Sociedad Naturaleza. Año 2006

Por. Lic Nancy Fernandez

Educadora Ambiental

El siguiente es un aporte sobre la relación entre sociedad y naturaleza que se realizó en el Foro Social Urbano del día 20 de junio de 2006 en la Ciudad de Ushuaia Las relaciones entre sociedad y naturaleza están signadas por una variada gama de ideologías que dan vida y contenido al concepto de Ambiente. Es necesario un aprendizaje continuo para comprender esta compleja interacción de los sistemas naturales y socio-culturales.

La cultura ambiental se debate en dos tradiciones: una que se fundamenta en el desarrollo industrialista, sin reconocer que los avances científico-tecnológico han generado beneficios y consecuencias de pesadilla con relación al ambiente. La cultura ambiental de esta corriente continúa depositando en la ciencia y la tecnología la solución del problema. Programas de ahorro energético y reciclaje de desechos, conservando las formas de distribución y consumo y la inequidad en el acceso. Esta tradición es fuente del llamado “ecologismo fundamentalista” que se encarga de demandar vigorosas sanciones a quienes no modifiquen sus procesos productivos y aducen que la pobreza que trae como consecuencias es una distorsión de la realidad que se origina en el Norte.
La otra tradición, se sustenta en el desarrollo del placer y en una posición romántica negando la cuestión política, marcando una posición casi religiosa. Desde una posición romántica se cae en un conservacionismo ahistórico sin capacidad de vincularse con otros procesos sociales siendo que las utopías parten de revisar sus raíces en el pasado, recuperar el presente y proyectarse al futuro.

De las diversas concepciones es que surgen las políticas económicas y ambientales, por ejemplo: bajo la concepción europea de los S. XVII a XIX de la “frontera Salvaje”, se fundamentaron la colonización y las conquistas. Esta concepción se sostenía sobre la base de que la naturaleza es incontrolable y que se imponía sobre el ser humano, sufriendo los ritmos de lluvias y sequías, la fertilidad del suelo, la disponibilidad de agua o las plagas. En la Enciclopedia del Conde Bufón se cita: “la naturaleza salvaje es horrible y letal” y el ser humano es el único que puede convertirla en “grata y habitable”. Se buscaba “civilizar” espacios que se consideraban salvajes. Así es que se justificaban buena parte de las campañas de la conquista del desierto o frases como “Civilización o barbarie”.

Otra concepción que justificó la explotación indiscriminada de los bienes naturales es la que se basa en la de “canasta de recursos”. Aquí la naturaleza se convierte en una fuente inagotable de recursos que pueden ser extraídos y utilizados, los recursos son observados desvinculados unos de otros y dejar recursos sin aprovechar era un desperdicio. Se catalogó a las especies como útiles-inservibles o peligrosas-benéficas.

Es evidente que las concepciones han marcado el uso y políticas que los gobernantes han ido aplicando sobre el espacio y el ambiente.

Otra cuestión a tener en cuenta es que las corrientes actuales, y sobre todo después de la Cumbre de Río `92 le atribuye a la participación social y al ser humano sobre todo, un rol fundamental en la incidencia e impacto sobre el ambiente.

Estamos en las vísperas del siglo XXI y la naturaleza ocupa un lugar cada vez más destacado en el debate sobre el futuro de la sociedad. Podríamos decir que es un momento en el que las sensibilidades estéticas y políticas aseguran un lugar de indudable notoriedad a la naturaleza y a los asuntos ambientales.

Las posibilidades de armonizar los proyectos sociales y los estilos de vida con los límites de capacidad de sostenimiento y regeneración del ambiente, siempre han estado presentes en los grandes retos de la actualidad.

Es evidente que en los últimos años de gestiones municipales o provinciales, ejecutores de políticas públicas no han estado a la altura de las circunstancias y no han sabido planificar políticas ambientales sustentables e inclusivas, sin dejar afuera del modelo a los sectores más populares de la comunidad.

Considerando la asimetría de las relaciones de fuerza que definen las transformaciones sociales y económicas en curso, una reorientación global de las relaciones con la naturaleza tiende a parecer más próxima a una utopía ecológica que a una realidad inminente.

Tal vez estamos en un buen momento para confrontar y discutir sobre qué tipo de modelo podría sentarse una planificación socio-ambiental más sustentable, sostenida en el tiempo, justa, democrática, solidaria y ecológicamente equilibrada dejando de lado políticas cortoplacistas y planificando a largo plazo (50 años o más). Los tiempos políticos no coinciden con los tiempos ambientales.

El horizonte histórico-cultural de este debate está irremediablemente cruzado por una multiplicidad de intereses y proyectos sociales y económicos que disputan diferentes interpretaciones sobre lo ambiental.

Las múltiples interpretaciones de lo ambiental no garantizan una convergencia de acciones y de visiones de lo ambiental. El campo de lo ambiental se convierte en un lugar de disputa entre concepciones políticas, intereses económicos y grupos sociales.

Es importante destacar que la temática ambiental no ha sido incluida en las agendas de debate público dado que no se vislumbran acciones concretas que favorezcan el desarrollo de la ciudad bajo diferentes nociones de urbanidad, donde la construcción social del concepto de urbanismo se discuta democráticamente y se piense en una ciudad ambientalmente sostenible.

Se define el desarrollo sostenible como aquel que satisface la necesidad de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

El desarrollo sostenible es un proceso en construcción que puede marcar líneas de gestión para desarrollar la ruta hacia un modelo de racionalidad creciente que ponga el énfasis en la importancia de satisfacer las necesidades esenciales de los que menos tienen sin comprometer el equilibrio de los recursos.

Este concepto se contrapone con las vertientes de la actual gestión municipal en la que hace hincapié en la preservación del ambiente para las generaciones futuras. Es evidente que dejan afuera con esta mirada a la generación presente. Los jóvenes adultos nacidos en la década del ´70 ya escuchaban este discurso. Han pasado más de 30 años. Las generaciones futuras del ´70 han llegado y se han convertido en el presente. Aún siguen sin respuesta.

El conservacionismo romántico que le atribuye la intangibilidad a los bienes naturales, sólo pretende frenar el desarrollo (fomentando el crecimiento de unos pocos) y promueve la distribución injusta de esos bienes ya que solo tienen acceso a los mismos los sectores que más tienen, dejando a los sectores populares fuera del crecimiento que pretende el modelo capitalista y generando cada vez más exclusión social y pobreza. Cabe destacar la diferencia entre desarrollo y crecimiento. El crecimiento sólo se mide en términos del capital en cambio el desarrollo es un concepto más integrador dónde la variable capital se vincula con un sinnúmero de otras variables que interactúan y permiten promover la integridad en los cambios sociales, políticos, económicos, culturales, etc.

El problema es retador desde muchos puntos de vista ya que implica una serie de cambios esenciales en las formas tradicionales (economicistas) de desarrollo.

Se requieren transformaciones conceptuales, metodológicas y de valores para internalizar los retos asociados a una transición hacia el desarrollo sostenible. Asimismo, se necesitan formas más democráticas en el ejercicio del poder y mayores posibilidades de participación social.

Es imprescindible, por otro lado, una sociedad con mayor cultura ambiental que sea capaz de asumir los costos (en términos de hábitos de consumo y uso de la energía) implícitos en el tránsito hacia el desarrollo sostenible.

La comprensión de la problemática ambiental como fenómeno socioambiental proyecta la cuestión ambiental en la esfera política, entendida como esfera pública de las decisiones comunes.

Las tesis neoliberales fortalecidas por la crisis del socialismo y por el agotamiento del estado de bienestar social, tratan de legitimarse como la última y única voz, dictando la muerte de las utopías y afirmando el imperio de lo económico sobre el campo de la política, de los derechos sociales y humanos.

CRISIS Y RESPONSABILIDADES

Estamos ante una situación de crisis. La etimología de la palabra crisis es “decisión”, momento decisivo y culminante que despeja toda duda y que determina un curso de acción definitivo. Estamos ante un momento de decisión. Que modelo pretendemos construir……

La sociedad ha ido adquiriendo diferentes grados de responsabilidad con respecto al ambiente. Como dice Galeano, si todos somos culpables del desastre del Planeta, entonces no hay culpables.

Una concepción generalizada es que todos somos responsables de que el ambiente este deteriorado, pero cabe decir, ¿Todos tenemos el mismo nivel de responsabilidad? ¿Es tan responsable un niño de edad escolar que tira los papelitos al suelo como un gran aserradero, o una planta petrolera o un buque de pesca de arrastre?

¿Podemos decir que talar un árbol para la construcción de una vivienda en el bosque causó el mismo impacto que la construcción de un gran emprendimiento hotelero o inmobiliario? ¿Que concepción de ambiente tienen los gestores políticos al minimizar la destrucción de un morro en pleno centro de la ciudad y por otro lado cuestionar las actividades de los asentamientos denominados irregulares?, ¿cual es el criterio ambiental? ¿Qué diferencia hay entre la leña que utiliza un vecino para calentarse, que cuida y selecciona manualmente al árbol seco o al que menos impacto causará y las 213.000 ha que explotan anualmente los grandes empresarios madereros locales en las cuales, no solo impactan con la tala sino también con los caminos de acceso y la introducción de maquinaria pesada que degrada el suelo y lo vuelve improductivo?

Lo que pretendo decir con esto es que el discurso ambientalista que los gestores políticos tratan de imponer en la comunidad no hacen otra cosa que incrementar la diferencia social y la lucha de pobre contra pobre, haciendo perder de vista donde están los verdaderos causantes del impacto ambiental y destructores y explotadores de los bienes naturales agotables.

Sí, somos responsables cada uno de los integrantes de la comunidad. Somos responsables de:

  • fomentar conductas positivas hacia el ambiente, generando acciones comunitarias de respeto, tolerancia, solidaridad y sobre todo educativas con el vecino que nos rodea,
  • participar en las instancias públicas de debate para desnaturalizar estas concepciones que intentan infiltrarse en los discursos de los medios.
  • instar a las autoridades a hacer cumplir las leyes ambientales (que las hay y muchas) sobre aquellos impactos que durante años han venido destruyendo el ambiente socio-natural de Ushuaia; y por último
  • comenzar a repensarnos con miembro integrado al ambiente, no enfrentado a él, tomando como ejemplo las conductas que los pueblos originarios mantenían con el ambiente. Ellos fueron los primeros ambientalistas de la historia.

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